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Como todo en la vida, las cosas cambian, no hay dudas de que es para mejor, eso es lo que hay que pensar, ya que el ser humano por naturaleza, tiene como meta la perfección en todos los sentido y que todo evoluciona en este aspecto.
No obstante los que ya tenemos unos años y que por supuesto hemos contribuido a este progreso, aún sin saberlo, vemos que con el avance se pierden valores que, en aquellos años eran, además de la doctrina diaria, una forma de vida respetuosa y verdadera, por encima del egoísmo y basada en el valor de la familia, la amistad y el respeto a los demás.
La represión a desaparecido y algunos confunden la libertad con el libertinaje.
A lo que voy, hablando de surf, es que en aquellos años que empezamos a surfear. Teníamos todos los condicionantes para ser unos rebeldes y poner patas arriba el sistema, pero nuestra forma de hacer ver a los que canalizaban este proceso, de nuestra falta de estímulos predeterminados, era tirarnos el día en el agua buscando olas de un lado a otro, y disfrutando de la naturaleza en estado puro. Los amigos, tío, era en lo primero que se pensaba al abrir los ojos, lo chachi era surfear con los colegas cuantos más, mejor.
La playa era el punto de encuentro de unos jóvenes, que no encontraban en otro sitio la comprensión, incluso el cariño, una familia en definitiva.
Eso es lo que éramos una familia y como tal, nuestro afán era disfrutar en común, de una pasión por un deporte increíble, que aún siendo individual, practicarlo con la peña era lo realmente importante, si no a quien le decías “ viste que rentry me hice”.
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